Mons. Mariano Fazio: "Seguir remando por una sociedad mas honesta"

En este artículo, dirigido a los jóvenes, anima a enfrentar al relativismo sabiendo que los derechos humanos"no son negociables". Se publicó en el diario La Capital de Rosario el miércoles 4 de enero.

En primera persona

Queridos jóvenes: 

Ya es casi un lugar común afirmar que estamos viviendo en un mundo relativista. Parece que toma realidad en nuestra época la letra anticipadora del tango Cambalache: Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor. Toda opinión tendría el mismo valor. Instituciones que parecían inmutables cambian de fisonomía. Verdades indiscutibles hace décadas, hoy son objeto de crítica, cuando no de burla.

Toda corriente cultural siempre tiene algún elemento de verdad, y lo verdadero del relativismo es que casi todo es relativo, pero la diferencia está en ese casi. Luego de los juicios de Núremberg, en los que fueron condenados los jerarcas nazis de la segunda guerra mundial, se redescubrió la idea de que ciertas verdades no eran relativas: las verdades sobre la dignidad de la persona, los derechos humanos. Eso implica la defensa de la vida, la igualdad ante la ley, la libertad de expresión y de pensamiento, la defensa de la familia, la defensa de los derechos de los padres en la educación de los hijos, el derecho al trabajo, a la vivienda digna, a la educación y la alimentación, la libertad religiosa, el poder profesar públicamente la fe, la fe católica y cualquier otra fe digna de la persona humana… Esto no es relativo, son valores no negociables, como dice Benedicto XVI. Son las bases sobre las que construir una sociedad justa, en la que los débiles tengan una instancia de apelación, un lugar en el que queden resguardados de las arbitrariedades del poder.

Cualquier persona entra en sintonía con esos valores en el fondo de su corazón, sobre todo, los jóvenes, que se entusiasman con la verdad y no tiran la toalla en la lucha por los valores y el bien común. Los jóvenes tienen –tenemos- capacidad de vibrar con el ideal de una sociedad más justa. De superar el cinismo de quienes calculan el precio de todo pero no descubren el valor de las cosas; de descubrir en los ojos vidriosos de un necesitado a una persona valiosa, un otro yo que merece nuestra solidaridad.

Los cristianos del siglo XXI tenemos que aprender a sacar del Evangelio las potencialidades de un mensaje que habla de amor, de paz, de libertad. Estos son los valores no negociables. Pero, seremos creíbles si somos auténticos y creativos. Benedicto XVI habla de las minorías creativas. Tengo la esperanza de que seamos una minoría creativa y que podamos difundir cada vez con más eficacia y respeto de todos –esto es lo primero- los valores que hacen de este mundo un lugar abierto a la esperanza.

Creo que la juventud no es una cuestión de años, es una actitud. Y los jóvenes a los que dirijo estas letras serán aquellos que crean que un mundo mejor es posible… Como dice otra canción, que quieran punguearle a la vida un ramo de sueños, que no quieran tirar la toalla, que quieran seguir remando por una sociedad más honesta, más solidaria, a favor de la vida, la verdad y la libertad, porque sólo “la verdad nos hará libres”.

Mariano Fazio, vicario del Opus Dei en Argentina, autor de “Cooperadores de la verdad. El antídoto de Benedicto XVI a la dictadura del relativismo”.